Eterna y oscura infancia
(Lilian Neuman)
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Unni Lindell |
La serie de su inspector de Oslo Cato Isasken se conoció en España a partir de La trampa de miel. Le siguieron El ángel oscuro, Muerte blanca y El beso del diablo. Estas historias reflejan una ciudad hermosa y taciturna -el invierno de luces raras y aquel verano en que un loco solitario asesinó a un montón de personas-; el escenario en donde se libra la tortuosa relación que mantiene Cato con su compañera Marian Dalhe.
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a Lisbet Salander, esta joven adoptada por unos padres ineptos,
superdotada, trasgresora, librepensadora e intuitiva es el motor de
todo lo que aquí sucede, más allá del procedimiento racional.
Dalhe campea en comisaría con su perra boxer (Birka existe, es laperra de la mejor amiga de Lindell), y ella y su animal representan
esa fuerza que arrasa y da nervio a esta radiografía de
supervivientes de una antigua institución psiquiátrica.
Poco
antes de ser asesinada, una joven periodista se había citado en el
Café del Teatro con la hija del psiquiatra de aquel lugar. Tenía en
sus manos una importante revelación sobre la muerte de una niña, en
aquellos años en que los hijos de los pacientes tenían una suerte
de guardería; visitaban a sus padres y jugaban entre ellos, unidos
en una forma de hermandad que se pronuncia décadas después.
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Café del Teatro, Oslo. |
En
el despacho de Lindell abundan las obras de psicología. Y en este
último libro entra de lleno en los recovecos de esa institución. En
sus antiguos y no tan antiguos métodos. De todo aquello brota el
enigma, y el móvil del asesino.
Cato
y Marian serpentean entre medio de esos supervivientes, y así Unni
Lidndell afronta un problema sumamente interesante: la frontera
moral, o cuándo la locura es atenuante, y hasta qué punto una
sociedad (la socialdemocracia en concreto) puede aceptar o tratar con
indulgencia lo imperdonable. Y puede permitir -como ha sucedido en su
país, Noruega- que cierta clase de enfermos mentales anduviesen sin
control por la ciudad (enfermos, entiéndase, peligrosos). La novela
es pródiga en reflexiones. Y hay un vibrante crescendo que
conduce al lado inaudito de las personas y las cosas. Sólo Lindell
se atreve de este modo. Es extraña y encantadora, es cruel e
inteligente, se define a sí misma como una mujer que tendría que
haber nacido en el Mediterráneo, y por esa extrañeza ante sus
compatriotas nórdicos consigue esa mirada que le permite analizar,
ser fría, pero salvaje a la vez. O es más simple y ella lo dice
así: “Tal vez la infancia era una enfermedad de la que uno no se
curaba nunca”
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