viernes, 29 de diciembre de 2017

El mundo según Luisa

(Lilian Neuman)

Esta historia, traducida al catalán en 2016 (y ahora al castellano), comienza con un crimen. Pero de índole muy diferente de los que este blog suele reseñar. Elegimos este singular personaje lanzado -literalmente- al vacío del mundo como la forma más perturbadora, feliz e inteligente de celebrar un año más.


Stefanie Kremser. FOTO Ana Portnoy
   Si
el enigma de El día que aprendí a volar, de Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967) se hubiese inscrito en el policial, sería una intriga de leyes diferentes, una investigación en la que el desorientado detective se toparía con un grave asunto de amoralidad. 

   En efecto, el primer llanto de Luisa responde al más bestial recibimiento para una inocente  que viene al mundo. De su madre -personaje del que pensaremos todo, de lo más atroz a lo más fascinante- advertimos su crimen, su fuga y poco más.
   Entonces empieza el mundo de Luisa -o el mundo según Luisa-, y en él el mal y el bien, el abandono, el misterio y la soledad son tratados desde un lugar que, por inusual e inestable, se afirma como el mejor espacio posible, el mejor para entender cómo y por qué nos quieren y queremos, qué somos y qué deberíamos ser.

   Ese mejor mundo está en Múnich, en un piso de alegres estudiantes o aspirantes a una profesión -entre ellos Pau, el padre de Lulú-, impregnado a ratos por el aroma a pachulí de una de las inquilinas. Hay otros vientos y aromas que la pequeña narradora de ojos adultos sintetiza en esta biografía de su familia sin madre. El humo del tabaco del larguirucho Max, sentado horas a su mesa de dibujo, el perfume de Fergus, el gran salvador.
   El tiempo y los destinos harán su trabajo, pero antes de saber qué fue de cada uno (los años pasan, nos hacemos mayores, qué se puede hacer) está la investigación fundamental. Luisa y su padre viajan en busca de los orígenes, desde una familia alemana al otro lado del mundo a la selva  en Brasil. Hasta entonces, la vida era un “metrómono constante y tranquilizador”. Pero allí les aguarda todo lo que no sabían sobre aquella madre en fuga. 
  Tras ese enigma, el relato de la emigración de alemanes a aquel lugar desde el siglo XIX, sobre todo en el sur. Un siglo después, existen colonias que parecen seres aislados y asépticos (como ocurre también en Argentina, en donde alguna parece inmutable respecto al modelo original). Pero también se produce la inevitable fusión con lo local. La historia que descubre Luisa es un sinuoso recorrido -producto del trabajo de investigación de la autora- que depara observaciones certeras: “Simplemente retomamos lo que estábamos haciendo antes de la guerra, y en algún momento fingimos que todo estaba olvidado. Pero para vosotros, los jóvenes, no es ninguna novedad, ¿verdad?”
   La biografía de Stefanie Kremser (Düsseldorf, 1967) es decisiva en esta historia. Autora de documentales,  guionista, novelista, Kremser es de familia alemana-boliviana, creció en San Pablo y, como sus personajes, vivió en Múnich de estudiante. Vive en Barcelona desde 2003 y su anterior novela Calle de los olvidados (Edhasa/Edcions 62), que abre con un crimen -curiosamente, tambíen en forma de caída al vacío-, es el agudo retrato en movimiento de esta ciudad y sus especuladores.
 Si se tienen hijos jóvenes, o amigos demasiado apegados al terruño, o demasiado estrictos en lo que a raíces se refiere, es el momento de hacerles oír esta voz que da esquinazo a la tragedia. Kremser -políglota, sudamericana, europea- consigue que Luisa nos hable a su modo de cuestiones de estirpe e identidad. No se ríe de ellas. Simplemente las agita con fuerza. Pura alegría de vivir.



El día que aprendí a volar/El dia que vaig aprendre a volar
Stefanie Kremser
Entreambos/Edicions de 1984
Traducción de Marina Bornas/Anna Punsoda
285 páginas/288 páginas
17,95 E

viernes, 15 de diciembre de 2017

Petra Delicado, más en forma que nunca

(Rosa Mora)
          
Alicia Giménez Bartlett

 Mi querido asesino en serie es la décima novela de la serie de Petra Delicado. Y sin duda, junto con un Un barco cargado de arroz (2004), es una de las mejores.
  En esta, Alicia Giménez Bartlett aporta dos hechos contundentes: uno de ellos, que la inspectora de la Policía Nacional se vea obligada a colaborar con los Mossos d’Esquadra. El otro, la investigación de las fechorías de un asesino en serie.
  Una mujer aparece salvajemente apuñalada. Exactamente veintidós veces, con el rostro destrozado y una carta de amor despechado sobre su cuerpo. Esto es sólo el inicio de una cadena de asesinatos. 
  Más allá de la acertada investigación, y como todas las novelas de esta saga, Mi querido asesino en serie tiene dos lecturas. Una más lúdica, en torno a Delicado y el subinspector Fermín Garzón y sus matrimonios y familias, y otra, más reflexiva, relacionada con el contexto social. Ambas deparan momentos memorables.
  La incorporación del inspector de los Mossos Roberto Fraile al equipo Delicado-Garzón es desternillante, y no por la competencia entre ambos cuerpos de seguridad sino porque el pobre Fraile cae como un extraterrestre. No entiende nada de la relación entre estos dos personajes tan distintos y tan afines,  ni de sus métodos de trabajo. Sin ir más lejos, le parece una barbaridad que se maten a copas para combatir el desánimo o para celebrar algún avance en el caso.
  Por si fuera poco, Petra ya es cincuentona, no le gusta hacerse mayor y el austero Fraile no sólo es más joven que ella sino que es el jefe. No le perdona ni una y de paso lanza sus dardos envenenados contra todo lo que se mueve.
  Los chispeantes diálogos entre Petra y Garzón, que a menudo rozan el absurdo, son uno de los hallazgos de Giménez Bartlett. En esta ocasión se supera a sí misma creando situaciones disparatadas, como instalar un campamento para los tres investigadores en el despacho de Petra o hacer un picnic en el mismo lugar, con vino y mantel de cuadros incluidos. Sus historias tienen algo de parodia y ese es otro de sus atractivos.
 Cuando Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951) publicó la primera novela de Petra Delicado, Nido vacío, en 1996, no existían aún en Barcelona los Mossos d’Esquadra. De hecho, tardarían casi diez años en desplegarse en la ciudad. Es cierto que el género cada vez es más libre y se ciñe menos a convenciones, pero la escritora sabe que muchos lectores piden verosimilitud y que quienes investigan ahora la mayoría de delitos en Cataluña son los Mossos.
  Por eso hace tiempo que busca diversas fórmulas. En El silencio de los claustros, es la superiora de un convento quien exige que sea la Policía Nacional (Petra) quien investigue un asesinato y la desaparición de un beato. En Mi querido asesino en serie, la colaboración entre Mossos y Nacionales viene impuesta desde arriba. En cualquier caso, el resultado es bueno.
  La escritora cuida mucho la trama y el lector tiene garantizado el suspense hasta el final. Pero esto no es lo más importante de las novelas de Giménez Bartlett. Lo que de verdad seduce es esa mezcla de risas y tristeza. Los temas de trasfondo sobre los que obliga a reflexionar. En Mi querido asesino en serie hay varias cargas de profundidad: la soledad, más terrible aún en las grandes ciudades; la invisibilidad de las mujeres de cierta edad y el inevitable signo de los nuevos tiempos, la prisa, la aceleración, que todo lo contamina.
  Vale la pena leerla y, además, encontrarán un simpático homenaje a al librero Paco Camarasa.

Mi querido asesino en serie
Alicia Giménez Bartlett
Destino
412 páginas. 18.50 euros
12,34 euros ebook



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lunes, 29 de mayo de 2017

Rosa Mora y Lilian Neuman Ruta literaria por Ciutat Vella. Biblioteca Francesca Bonnemaison



 
 El sábado 10 de junio a las 12 de la mañana emprendemos, desde la biblioteca Francesca Bonnemaison, una ruta muy especial. Nuestros guías serán Anna Silber, Petra Delicado, Méndez y otros personajes y escritores del género negro. Un recorrido que pone el acento en el papel de la mujer en el género y descubre rincones y calles de la ciudad. 

A continuación verán el enlace y los libros y autores que guían nuestro recorrido. 


¡Los esperamos!
Foto: LOURDES DELGADO



 http://ajuntament.barcelona.cat/biblioteques/bibfbonnemaison/es/detall/l-aventura-de-coneixer-itinerarios-por-barcelona-victimes-pero-tambe-executores-investigadores-rebels-i-justicieres-i-dolentes_99400505332.html




AUTORES

Andreu Martín, Stefanie Krempser, Alicia Giménez Bartlett, Francisco González Ledesma, Victoria González Torralba, Henning Mankell, Rosa Ribas y Sabine Hofmann, Teresa Solana, Xavier Theros, Empar Fernández, Elsa Plaza y Marc Pastor. 

De Andreu Martín, hemos elegido La violencia justa, sobre el maltrato a las mujeres, alguna mala praxis policial y los límites entre la ley y la justicia. 

Con El silencio de los claustros, de Alicia Giménez Bartlett, inspirada en la Setmana Trágica, iremos a algún convento de la mano de la inspectora Petra Delicado en pos del asesino de un fraile. 

Peores maneras de morir es la última novela de Francisco González Ledesma. Su inspector Méndez luchará en el Raval por desarticular una banda internacional de trata de blancas. Con Llámame MéndezVictoria Gonzalez, la hija de Paco, nos desvela los orígenes del inspector, su adolescencia, cuando se ve obligado a investigar quién ha asesinado a su enamorada.

Con Anna Silber, la periodista de Stefanie Kremser de  Carrer dels oblidats, veremos el cambio de una Barcelona que se extingue en las llamas de la especulación. Rosa Ribas y Sabine Hofmann crearon a Ana Martí periodista que se abre paso en un mundo masculino, en la Barcelona de los 50. Azul marino cierra su trilogía.

La subinspectora de los Mossos d’Esquadra Norma Forester se juega su continuidad en el cargo al investigar un caso relacionado con la Guerra Civil. Aunque se haya hecho todo lo posible para que la memoria se borre, hay quien no olvida ni perdona. Lo vemos en Negres Tempestes, de Teresa Solana.

Xavier Theros nos lleva a la Barcelona de 1843 en La Fada Negra, premi Josep Pla 2017. En la ciudad que se ahoga entre las murallas medievales, durante la Revolta de la Jamància, el capitán Llàtzer Llampades lleva su propia guerra para detener a una jovencísima asesina de niños.

Una mujer aparece muerta, asesinada, entre las patas del gato de Botero, en la Rambla del Raval. En Mala sangre, de Empar Fernández y Pablo Bonell Goytisolo, el inspector Santiago Escalona tiene que enfrentarse a un asesino de crueldad extrema, cuando se inicia en Barcelona el despliegue de los Mossos.

En El cerebro de Kennedyde Henning Mankell, la arqueóloga Louise Cantor y su ex marido Aron viajan a Barcelona desesperados. Su hijo apareció muerto en su apartamento de Estocolmo. No creen que se suicidara y rebuscando entre sus papeles descubren que tenía un piso en el centro de la ciudad. La búsqueda de la verdad llevará a Louise a un viaje frenético en el que se enfrentará con gente peligrosa que experimenta con seres humanos vivos para descubrir nuevos medicamentos.

Desde dos perspectivas muy diferentes, Marc Pastor y Elsa Plaza recrean los tiempos y la vida de un personaje (real) tristemente célebre: la secuestradora de niños Enriqueta Martí (1871-1913). En La mala dona, Pastor se adentra en la leyenda, la de una mujer que pasó a la historia como alcachueta y secuestradora de niños a los que mataba para sus tenebrosas prácticas. En El cielo bajo los pies, Plaza investiga en qué clase de telaraña -con gente de alta sociedad involucrada- queda atrapada la misma Enriqueta -que vivió en la calle Ponent, actual Joaquin Costa-, convertida en chivo expiatorio de la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX.




viernes, 28 de abril de 2017

Un buen homenaje a González Ledesma

Victoria González Torralba
 (Rosa Mora)
 No tengo opinión segura de las llamadas franquicias literarias. Sé que el Poirot resucitado por Sophie Hannah no me gustó; sé que Benjamin Black imitando a Raymond Chandler me gustó mucho más que sus propias historias del doctor Quirke; sé que la continuación de la saga Millenium de Stieg Larsson, a cargo de David Lagercrantz, me dejó un sabor agridulce; sé que siento un enorme interés por el Carvalho de Carlos Zanón y sé que me ha gustado Llámame Méndez, de Victoria González Torralba, la precuela de las 10 novelas que su padre, Francisco González Ledesma (1927-2015), escribió sobre su inspector de policía.
  Victoria González (Barcelona, 1966) ya hizo un notable trabajo en la última novela del escritor, Peores maneras de morir (2013). Ledesma la tenía casi lista cuando sufrió un ictus que le tuvo cuatro meses en el hospital. Fue él quien se empeñó en acabarla y fue ella quien le ayudó a ponerle el punto final.
  Llámame Méndez es una novela iniciática, de suspense y sobre Barcelona. Sitúa a un Ricardo Méndez de 17 años en el verano de 1945 en la ciudad derrotada, huérfano de padre (desapareció Durante la Guerra Civil) y de madre (murió en un bombardeo). En esos días bochornosos, su vida cambia radicalmente. El asesinato de una chica de quien está enamorado le muestra poco a poco una realidad desconocida, todo su mundo cambia y ni siquiera sus amigos parecen ser los mismos de antes. El chaval insolente y despreocupado se hace mayor.
  Uno de los aciertos de González Torralba es el contrapunto que crea entre dos hombres que son un referente para el muchacho. Raimundo, un ex maestro republicano, hombre de gran valor y fiel a sus principios, combatiente clandestino, con quien vive desde que sus padres murieron. Y el comisario Castañeda, un joseantoniano desencantado, ex combatiente de la División Azul, levemente crítico con Franco.
  De Raimundo aprende la antigua ética de la izquierda, el amor por libros. De Castañeda, los secretos de una investigación policial, a fumar y a beber. Méndez se debate entre ambos. Quiere y respeta a su tutor y siente que está traicionándole, pero el policía le fascina.
  Otro hallazgo es enmarcar la historia en el verano de 1945, muy poco después de la rendición de Alemania y del fin de la II Guerra Mundial, cuando aún se soñaba que los aliados rescatarían a España de la dictadura. Ese anhelo es palpable en el entorno de Raimundo y en los activistas que se mueven por  entre los puesto de libros del Mercat de Sant Antoni.
  González Torralba ha conseguido un Ledesma puro, o casi, en la línea de sus novelas y sobre todo de su libro autobiográfico, Historias de mis calles (2006).  Además, Llámame Méndez está muy documentada, empapada de la época. Como solía hacer el escritor, también introduce muchos temas e historias. La repercusión de la Exposición de 1929, la República, la Guerra Civil, la posguerra, el hambre (cuando se hacían tortillas sin huevos), la prostitución, la pornografía, el estraperlo… hasta la huelga de la Canadiense de 1919, un hito en la lucha obrera. Y, claro, las calles de Barcelona, desde la montaña de Montjuïc al Paralelo, el Barrio Chino o el Poble Sec, esas calles “de tanta actividad y poca moralidad” por las que le gusta vagabundear a Méndez.
  Sigue también las pautas de su padre en otros aspectos, como en el carácter del chico: a los 17 años el futuro policía ya está convencido de que una cosa es la justicia y otra la ley, y muestra tan poco respeto por las normas policiales como cuando es mayor. En lo que no le sigue es el en lenguaje sexista con el que a menudo nos torturaba el escritor.
  La novela está llena de guiños, regalos, para los lectores de González Ledesma. Un ejemplo: a Méndez le ilusiona conocer a un periodista de El correo catalán, y es precisamente en este rotativo donde Ledesma empezó a trabajar como periodista.
   Otro. En la Biblioteca Central (ahora de Catalunya) se encuentran Ledesma y su personaje. El joven Francisco le cuenta a Méndez que está escribiendo una novela sobre cómo era la ciudad antes de la guerra. Y este le responde que alguna vez habrá que mirar hacia adelante, que todo eso sólo son “sombras viejas”. Sombras viejas es título de la primera novela que escribió González Ledesma. Con ella ganó en 1948 el Premio Internacional de Novela. Fue prohibida por la censura y no pudo publicarse en España hasta 1977.
  El joven Méndez se lee con gusto y llena un hueco que dejó  el escritor. Es un estupendo homenaje a Francisco González Ledesma y a sus lectores. Nos deja intuir a una nueva voz narrativa. Todo indica que Victoria González Torralba está lista para escribir sus propias historias (y no digo que esta no lo sea). 

Llámame Méndez
Victoria González Torralba
Planeta
320 páginas. 19.50 euros

martes, 7 de marzo de 2017

Claroscuro

(Lilian Neuman)
  Es novela policial de corte clásico. Sin embargo, reseñar esta entrega de la serie del inspector jefe de la Sûreté de Quebec, Armand Gamache, requiere dejar de lado cualquier especialización. 
  Arte, ética, sensibilidad, fatalidad histórica, sinceridad, capacidad de superación y cambio... Estas novelas exploran distintos asuntos que importan, y que son observados con lente extraordinaria, una mirada grande en un pequeño pueblo de los Cantones del Este que no figura en el mapa de Canadá.
Louise Penny
    
  Louise Penny (Toronto, 1958) se inició como periodista, profesión que abandonó para dedicarse por completo a sus novelas. En España se tradujo la primera de la serie -Naturaleza muerta (Factoría de Ideas, 2009), y desde 2015 Salamandra publica las novelas de Penny (premiadas una y otra vez), empezando por la que en verdad es la quinta entrega, Una revelación brutal. Le siguen Enterrad a los muertos y El juego de la luz. Y sepa el lector (qué alegría) que hay cinco novelas posteriores por traducir (puestos a pedir, también se podrían traducir las anteriores). Penny escribe en inglés y en Enterrad a los muertos describía las relaciones entre la comunidad anglófona y francófona de Quebec.
  Three Pines no existe como tal, pero Louise Penny vive en esa zona de Canadá, cerca de Vermont, y de sus pequeñas poblaciones, de sus vecinos y del carácter de las personas ha llegado a una quintaesencia extraordinaria. De este pueblo, (pese a que siempre tiene que aparecer un cadáver y el ambiente se corta con tijera), se añora al dar vuelta la página el color del amanecer, las primeras voces en el bistrot de Olivier y Gabri, el aroma del croissant recién horneado, las vistas desde el hotel en lo alto, las conversaciones en la librería de la estupenda Myrna, los pasos en el bosque helado y las pullas verbales entre la mejor poeta de todos los tiempos que solía pasearse por allí con su mascota; una pata que ahora ha emigrado y ella espera cada día, con la mirada en el horizonte, convencida de que va a volver.

   En este paisaje de pequeñas grandes vidas cotidianas, en donde se invitan a comer en casa o se encuentran en el bistrot, se cruzan delirios verbales, pullas y comentarios de un humor entre bestia y refinado. Y mientras se expande el enigma (como una mancha lenta y viscosa) que Gamache tiene que resolver.
   Culto, educado, cercano, aunque vive con su esposa en Montreal adora ese pueblo, donde ha persistido y donde ha cometido errores (uno de ellos, el que hace Olivier del bistrot no soporte mirarlo a la cara). Gamache ha tenido que recuperarse de un duro golpe en un operativo que casi le cuesta la vida, también a su mano derecha Jean Guy Beavoir, y en el que murieron varios de sus agentes.
   De eso ninguno de los dos ha salido indemne. La verdad, esta novela va en busca de los grandes golpes, esos ataques al alma que dejan a la gente maltrecha, y por años, o por toda la vida. Y la novela expone, a través de dsitintas biografías -galeristas, pintores, ex pintores, ex críticos, miembros de Alcohólicos Anónimos, ambiciosos y envidiosos, depredadores, honestos o rehabilitados- cómo es posible -o no- salir adelante por encima de la vejación, el dolor y la humillación.
   Lo he dicho antes: esto es una novela de intriga: Clara, excelente pintora, ha conseguido llegar a la más importante galería de arte contemporáneo. Y esa misma noche, cuando todos -galeristas, pintores, marchantes, vecinos, locos, críticos de arte- están festejando en su casa, luego del prometedor vernissage, alguien será asesinado en su jardín. Pero antes de que el cadáver sea encontrado, antes de que se ponga en marcha la obsesiva investigación liderada por Gamache (y que lo llevará a su brillante desarrollo con final a lo Poirot), conviene decir que aquí hay sucesión grandes momentos, con crimen y sin él.
  Uno de ellos, cuando Gamache se detiene en los ojos de un retrato pintado por Clara, en una mirada que puede ser luz, y que puede cambiar nuestra forma de ver el arte y la vida. O puede ser lo que quizás sea todo en estas vidas, en nuestras vidas: un falso destello, una burla en la oscuridad.

El juego de la luz
Louise Penny
Salamandra
Traducción de Maia Figueroa
446 páginas
19,00 Euros



jueves, 19 de enero de 2017

Todo lo bueno de la vida es ilegal, amoral o engorda

(Rosa Mora)
  Me dicen libreros amigos que Ingrid Noll no vende mucho, por eso es una bendición que la editorial Circe la siga publicando con regularidad desde 1996. A principios de los noventa, Seix Barral publicó un par de novelas suyas, pero lo dejó correr.
  Ingrid Noll nació en Shanghái, en 1935, hija de un médico. A finales de los años cuarenta, la familia regresó a Alemania, su país. Estudió Filología Germánica e Historia del Arte. A los 55 años empezó a escribir novelas negras. Ha publicado una veintena larga en su país, de las que 14 han sido traducidas al castellano.
Ingrid Noll.
  Es una escritora insólita en el panorama actual. Es irreverente, pone en tela de juicio todas las normas de la sociedad, en especial de eso que llaman “políticamente correcto”. Le importan un bledo las convenciones del género negro. Apenas aparecen policías en sus novelas, crea siempre situaciones domésticas en las que puede producirse cualquier tipo de crimen, sin culpables. 
   Sus personajes son maravillosamente amorales, la gastronomía es otro de sus ingrediente y presta especial atención a las personas mayores, en general, mujeres que disfrutan de la vida aunque para ello tengan que matar a alguien. El retrato psicológico de sus mujeres malas es estupendo (lean, por favor, Benditas viudas). El humor y la ironía son sus armas favoritas. Sus libros no pasan nunca de las 300 páginas.
   “Todo lo bueno de la vida es ilegal, inmoral o engorda”, dice uno de los personajes de A la mesa, y esta es la divisa de la novela y de casi toda la obra de Noll.
  En esta ocasión, la historia está contada por una mujer joven, Nelly, madre de dos hijos a los que quiere muchísimo, sin marido, preocupada porque cree haber decepcionado a su madre (que, a fin de cuentas, es quien la ayuda a llegar a fin de mes). Además, Nelly siempre se enamora del hombre equivocado, pero es que ella busca el amor y el sexo con entusiasmo y sin contemplaciones.
   De las últimas novelas de Noll, A la mesa es la que tiene un humor más salvaje. Es como una comedia de enredo: Nelly monta un restaurante clandestino (ilegal) para comensales fijos. Por allí desfilan personajes singulares, como el viejo capitán, la bulímica Gretel, la sabia Regine o el atractivo Markus, que tiene el síndrome del buen samaritano, o la poderosa madre de Nelly. Y pasa de todo: experimentación en la cocina, celos, envidia, cotilleos, enamoramientos, acoso y derribo en el sexo, relaciones gastrosexuales en la tercera edad o un par de asesinatos. Y eso sólo el principio.
  No se la pierdan. Es muy buena.

Ingrid Noll
A la mesa
Circe
Traducción de Lidia Álvarez Grifoll
224 páginas. 17 Euros




miércoles, 28 de diciembre de 2016

Nuestro pueblo

(Lilian Neuman)
   Esta narración avanza segura por los sórdidos, eternos y difíciles orígenes. Una historia de formación y destrucción situada en un pueblo costero mediterráneo sin nombre pero que se va definendo en sus líneas maestras y sus trazos menores. Y nos define hoy.

   De las muchas razones para recomendar la novela hay una primera, la mirada del narrador que ni omite ni perdona, ni se perdona. Y con esos ojos lleva a cabo un recorrido sentimental y social a esa primera juventud en donde los primeros amores -y el despertar sexual- se disparan en una época próspera, defectuosa, alevosa y distinta. En la página 13 el autor lo explica muy bien: “los dueños de los hoteles, de los restaurantes, de las barcas y de las botigas eran hijos de pescadores, y nada más. Antes eso era todo, y eso eran ellos. Y el turismo les llenó los bolsillos y los convirtió en lamedores de culos (…) Y se volvieron más opresores y rácanos que quienes durantes generaciones habían explotado a sus familias”.
  En este marco social -avanzados los años ochenta- abren los ojos unos chicos que, por ejemplo, contemplan boquiabiertos a la muchacha más hermosa del pueblo que tiene la mala idea de estar casada con el comandante en jefe de la Guardia Civil. Y la otra mala idea (la de ella, a solas) es soñar con el tipo más elegante (y arrogante) del lugar. Y que hará daño, un gran daño.
   Es verano, o son una sucesión de veranos, y allí están las hijas de los prósperos comerciantes maquilladas y luciendo el moreno en el paseo de la playa. Y los nuevos señores, y los listos, y los señoritos de Reus. Y también los traficantes, los intermediarios. Está el centro social pero, a pocos pasos, la periferia. “La periferia de la periferia (…) un semillero de paro y brumas grises”. De allí saldrán jóvenes directos a la perdición. Iris se prostituirá y morirá asesinada, por ejemplo.
   Pero nada viene de nada: en la generación anterior, en los setenta, a la madre del Bocachancla se la habrá tragado una vorágine de fiesta y heroína, pero antes habrá dejado a ese hijo, que criarán sus abuelos lo más buenamente posible. Pero el Bocachancla -le bautizan así por la boca torcida- le tentarán los colombianos, el tráfico menor y no tanto. Al fin nadie o casi nadie asistirá a su entierro. La muerte del Bocachancla y otro misterios es lo que se investiga en este libro.
Jordi Ledesma. Foto ANA PORTNOY
   Para hacer justicia (en ese mundo en que justamente no la hay) Jordi Ledesma (Tarragona, 1979), autor de Narcolepsia (Alrevés, 2012) y El diablo en cada esquina (Alrevés, 2015),
lleva a cabo una investigación mucho más ardua, exhaustiva e incómoda. Cabe preguntarse si es posible sobrevivir a una oleada de miseria moral. Si se puede elevar la cabeza por encima del nivel del mar, si tenemos, pues, ayer, hoy, mañana, en este pueblo grande en el que vivimos y leemos los diarios, alguna clase de salvación. 

Lo que nos queda de la muerte
Jordi Ledesma
Alrevés
188 páginas
16 Euros