lunes, 19 de septiembre de 2016

Sorpresas negras


 (Rosa Mora

   Me gusta que las antologías me descubran una obra o un autor y Barcelona negra y Madrid negro, a cargo de Ernesto Mallo, cumplen con creces. Los 21 autores seleccionados han elegido con absoluta libertad barrios de sus respectivas ciudades.
  Algunos ejemplos. Sólo conocía a Vanessa Montfort como dramaturga y I don’t like Mondays es estupendo, un turbador retrato de una niña de seis años obligada a ser mala. De Lilian Neuman, corresponsable de este blog, sabía de sus reseñas literarias, y de Milo J. Krmpotic, de su trabajo periodístico, pero los desconocía como escritores. Ambos han escritos relatos sobresalientes.
  El Pequeño Saltamontes soñaba de pequeño con extender los brazos y tocar con la punta de los dedos las paredes amuralladas de una estrecha calle de La Ribera, en Barcelona. Es la primera imagen que me quedó grabada de El muerto de madrugada de Neuman, porque define ese barrio a la perfección. Percibes incluso el olor de esa zona. En torno a un bar de toda la vida pululan personajes de la noche que compiten por ver quién tiene más memoria de las décadas pasadas.

Barrio de La Ribera, Barcelona
  Krmpotic ha elegido el barrio de Gràcia como protagonista de Ruido blanco. Con un ritmo endiablado, con repeticiones de párrafos y situaciones in crescendo que alertan de que algo terrible va a suceder, narra una tarde noche madrugada en el que la juerga se mezcla con el vandalismo. Es lo mismo cada fin de semana, pero si te han destrozado la moto y vives una historia de amor desamor y soledad el estallido de violencia, irreparable, está asegurado.
  Sorprendente es también Versiones de Luisito, en el que Andrés Barba reconstruye de una manera muy original un crimen ocurrido hace años en la calle Topete (del madrileño barrio de Tetuán). Un guardia de seguridad en paro,  inmerso en alcohol y drogas, mató a un joven dominicano. Lo cuenta de una manera aparentemente aséptica a través de citas de los periódicos, declaraciones de los vecinos, de abogados, de Rajoy anunciando repetidamente que la crisis ya es historia. Ves la degradación de la zona. Es demoledor.
   Crímenes oscuros, de Juan Aparicio Belmonte, parte también de un hecho real. El Gobierno autonómico madrileño prometió  a los vecinos reconvertir un campo de golf privado en un parque público en Chamberí. Incumplió la promesa. La ficción, con mucha ironía y humor, narra la venganza de los reivindicativos vecinos. Pero quizá el relato que mayor sarcasmo, ironía y humor tiene es el de Marta Sanz (Jaboncillos Dos de Mayo), muy divertido, pese a la dureza de lo que cuenta: un proceso de gentrificación en el barrio de Malasaña, en el que los habitantes de siempre son desplazados y sustituidos por otros de mayor nivel económico. Es genial el retrato que hace de los hípsters y la historia de la ingenua e inútil venganza de algunos vecinos. 
Barrio de Malasaña, Madrid


Los barrios de Madrid y Barcelona que aparecen en estos relatos conforman un mosaico de dos ciudades en cambio y ruptura permanente.  La crisis económica, el paro, las bandas, la pequeña delincuencia frente a la gran corrupción, la degradación del barrio, su transformación, la inmigración, el racismo y la xenofobia, la codicia, la venganza o el amor son algunos de los temas abordados.
  El resultado es una visión poliédrica, con diversidad de voces y miradas. Desde el maestro Andreu Martín (El resto de mi vida), uno de los autores que mejor domina la violencia urbana, que traza un vigoroso retrato de pandillas, pasión y muerte en un barrio deprimido a Lorenzo Silva (Carabanchel blues), Rosa Ribas (Pablito) o Carles Quílez (La ley de la calle) que están en la misma línea aunque con historias muy diferentes. Alfonso Mateo-Sagasta opta por la delincuencia más sofisticada en No es fácil ser enano.
  Carlos Zanón (El día que mataron a Leo) y Toni Hill (Especies protegidas) coinciden en enlazar el presente con el pasado y en la sensación de fracaso que tienen sus protagonistas. Hill muestra una Barceloneta invadida por turistas y Zanón, su Guinardó, en un relato que tiene mucho de sus excelentes novelas.
  Si los escritores incluidos en estos libros se sienten libres en todos los aspectos, el relato de Ernesto Mallo, (El paraíso en invierno) es el que más: entre el sueño y la realidad, el amor y el desamor. También, el de Jesús Ferrero (Carlota), entre Argüelles y Berlín, con más sangre. La venganza terrible, que roza la locura, de una madre a quien mataron dos hijos es la protagonista de El Lobo, de Domingo Villar (¡añoramos tanto a Leo Caldas!). Algo hay de eso también en La carne callada, de Patricia Esteban Erlés y su inquietante forense enamorado. Fernando Marías describe en 55 minutos un Madrid apocalíptico y futurista en el que todo está controlado por una especie de gran hermano. 
  Las catalanas Teresa Solana (Tiempo muerto) y Empar Fernández (Rojo infierno) se inclinan por estructuras más clásicas. Solana narra el miedo y las sospechas de una mujer cuando son descubiertos los cadáveres de 12 prostitutas en el barcelonés mercado del Ninot. Fernández une paro, inmigración y desesperación en la estación de Sants y sus inmediaciones.
Mercado del Ninot


  Unos autores han erigido el barrio en protagonista y otros han optado por convertirlo en mero escenario de una acción. Confieso que me han gustado más los primeros sin demérito de los segundos. Berna González Harbour ha elegido una tercera vía: la línea 10 del Metro de Madrid. En Metro de Madrid, Línea 10, encontramos a una madre al borde del ataque de nervios corriendo, en pijama y sudadera, tras sus hijos adolescentes. Tragicómico.
  Ambos libros muestran la enorme variedad de registros del género y en conjunto tienen un excelente nivel literario. Vale la pena leerlos. Igual se llevan una sopresa.
Madrid negro
Ernesto Mallo (Ed)
VV AA
Siruela
196 páginas. 16 euros 
Barcelona negra
Ernesto Mallo (Ed)
VV AA
Siruela
160 páginas. 16 euros

viernes, 22 de julio de 2016

Eterna y oscura infancia


(Lilian Neuman)
Unni Lindell
   Unni Lindell (Oslo, 1957) es una autora de primer orden en Noruega. Puede reír con genuina actitud infantil, pero es una autora de suspense (no del todo conocida aquí) con oscuros y tormentosos personajes. Como creadora, aflora su criatura alerta a la imprevista irrupción de lo oscuro. La literatura (desde muy joven) fue el camino de una niña (que se referirá a su padre como a un buen hombre con problemas psiquiátricos), que tempranamente se vio obligada a estar atenta a esa posible irrupcción. Lindell ríe y en algún rincón se adivina el eco de algo macabro.
   La serie de su inspector de Oslo Cato Isasken se conoció en España a partir de La trampa de miel. Le siguieron El ángel oscuro, Muerte blanca y El beso del diablo. Estas historias reflejan una ciudad hermosa y taciturna -el invierno de luces raras y aquel verano en que un loco solitario asesinó a un montón de personas-; el escenario en donde se libra la tortuosa relación que mantiene Cato con su compañera Marian Dalhe.

   Anterior a Lisbet Salander, esta joven adoptada por unos padres ineptos, superdotada, trasgresora, librepensadora e intuitiva es el motor de todo lo que aquí sucede, más allá del procedimiento racional. Dalhe campea en comisaría con su perra boxer (Birka existe, es laperra de la mejor amiga de Lindell), y ella y su animal representan esa fuerza que arrasa y da nervio a esta radiografía de supervivientes de una antigua institución psiquiátrica.

  Poco antes de ser asesinada, una joven periodista se había citado en el Café del Teatro con la hija del psiquiatra de aquel lugar. Tenía en sus manos una importante revelación sobre la muerte de una niña, en aquellos años en que los hijos de los pacientes tenían una suerte de guardería; visitaban a sus padres y jugaban entre ellos, unidos en una forma de hermandad que se pronuncia décadas después.
Café del Teatro, Oslo.

   En el despacho de Lindell abundan las obras de psicología. Y en este último libro entra de lleno en los recovecos de esa institución. En sus antiguos y no tan antiguos métodos. De todo aquello brota el enigma, y el móvil del asesino.

   Cato y Marian serpentean entre medio de esos supervivientes, y así Unni Lidndell afronta un problema sumamente interesante: la frontera moral, o cuándo la locura es atenuante, y hasta qué punto una sociedad (la socialdemocracia en concreto) puede aceptar o tratar con indulgencia lo imperdonable. Y puede permitir -como ha sucedido en su país, Noruega- que cierta clase de enfermos mentales anduviesen sin control por la ciudad (enfermos, entiéndase, peligrosos). La novela es pródiga en reflexiones. Y hay un vibrante crescendo que conduce al lado inaudito de las personas y las cosas. Sólo Lindell se atreve de este modo. Es extraña y encantadora, es cruel e inteligente, se define a sí misma como una mujer que tendría que haber nacido en el Mediterráneo, y por esa extrañeza ante sus compatriotas nórdicos consigue esa mirada que le permite analizar, ser fría, pero salvaje a la vez. O es más simple y ella lo dice así: “Tal vez la infancia era una enfermedad de la que uno no se curaba nunca”

miércoles, 18 de mayo de 2016

Larga es la noche


(Lilian Neuman)
  Entre el aluvión de publicaciones, es importante destacar esta historia; compleja, comprometida, férrea y de una pieza: a nada le teme, y así habla de religión y nacionalismo, y de identificaciones juveniles y alta política.

Adrian McKinty FOTO LEAH GARRET
   Irlanda del Norte, años setenta: un chaval de instituto le ruega al líder de su clase que lo admita en su organización, el IRA
   Más de diez años después, la escalada de violencia desde los sesenta no ha remitido. Con algunos altibajos, ser unionista o independentista, o ser católico o protestante sigue marcando destinos. Individuos y familias enteras definidas en lo irreconciliable.  De todo esto -y de un período en particular, cuando un grupo de presos (y un terrorista en particular) ha escapado y la señora Thatcher cobra singular protagonismo- habla esta vibrante narración. También del paisaje inclemente y hermoso que esconde lo que el autor llamaba hace poco, en una entrevista, “las reservas de odio” que han signado a su generación, y que siguen latentes en su país, aunque en 1998 formalizó su proceso de paz.
  Adrian McKinty nació en Irlanda del Norte (en Carrickfergus), en 1968, estudió en Oxford, vivió muchos años en Estados Unidos y actualmente vive con su esposa y sus hijos en Melbourne, Australia. En un momento de esta travesía comenzó a publicar sus novelas. Entre ellas, esta que forma parte de una serie iniciada con Cold cold ground y Oigo sirenas en la calle (Alianza). Las tres protagonizadas por el agente Sean Duffy. Es a través de él  (excesivo, impertinente y emocional) que McKinty observa el pasado. Sería difícil decidir qué es mejor, si el desarrollo de la investigación o el dibujo de los personajes.
   El denostado y readmitido policía Sean Duffy tiene que encontrar a un viejo y popular compañero de instituto -el líder carismático al que en su día rogó que le admitiese en su grupo- por orden de la inteligencia británica. Así, regresará a antiguos paisajes de su propia adolescencia, para verse reflejado en las miradas de aquella mujeres -una ex esposa, una ex suegra- de la Irlanda católica, que no le dirán una palabra, si es que conocen el paradero de este prófugo de la cárcel que desde alguna parte -Libia fue su aliada; una revancha de Gadafi- está organizando un enorme atentado. Habrá algo más, difícil para él, muy interesante para el lector: la búsqueda del terrorista le obligará a investigar un crimen a lo Gastón Leroux.
 El mundo al que Sean regresa lo desprecia por madero y aliado de los británicos. Pero allí también está el joven que fue Sean. El que soñaba con ser libre. 
   Sean Duffy, y su tensa investigación, su inevitable trato con la política y el espionaje,  con grandes momentos, es un excelente vehículo para encontrar cuánto de absurdo puede haber en ese cajón de sastre llamado identidad. 


Por la mañana me habré ido
Adrian McKinty
Alianza
Traducción de Eduardo Hojman
372 páginas
18,00 €
 

miércoles, 3 de febrero de 2016

El placer de descubrir a una escritora


Aparece en castellano una estupenda novela de suspense psicológico publicada por la escritora inglesa Mary Belloc Lowndes, en 1913

(Rosa Mora)

   Leer una excelente novela publicada en 1913, y de una autora de la que apenas conocías el nombre, es una de las sorpresas más agradables que te pueden dar. Menoscuarto, una editorial que elige cuidadosamente sus títulos, ha rescatado para nosotros El huésped, de la escritora británica Marie Belloc Lowndes.

El primer gancho para leerla es que Hitchcock se enamoró de esta novela e hizo una película muda (1927) que en castellano se tituló El enemigo de las rubias. Y no fue el único. Le siguieron más versiones cinematográficas. De Maurice Elvey, en 1932; de John Brahm, en 1944; de Hugo Fregonese, en 1953, y de David Ondaatje, en 2009. Se lo merece.

Marie Belloc Lowndes, a bordo del Aquitania, en 1936. Foto: Wikipedia
  
 Lowndes se inspira en Jack el Destripador. En el Londres de la espesa niebla y  la llovizna, un criminal que firma sus asesinatos de mujeres como "El Vengador" aterroriza la ciudad.  Robert y Ellen Bunting, antiguos sirvientes, tienen una casa de huéspedes. Es un fracaso. Aunque guardan las apariencias, pasan hambre y frío… hasta que, como caído del cielo, llega un huésped. Lleva una capa Inverness y el tradicional sombrero de copa. Ellen le identifica como un caballero. Les paga por adelantado una generosa suma y les saca de la miseria.
  Marie Belloc Lowndes muestra en este libro sus magníficas dotes para el suspense psicológico y el retrato de personajes. La novela está bien escrita y la autora maneja con acierto tanto el ritmo de la vida cotidiana de los Bunting como el de la investigación policial o el de la información de los periódicos que se recrean en una historia tan escabrosa.
    Inquietantes personajes

   El huésped tiene extrañas costumbres. Suele salir bien entrada la noche y regresa sigilosamente de madrugada. Recita escalofriantes salmos en voz alta y apenas abandona sus habitaciones durante el día. Ellen Bunting sospecha que no es lo que parece y le relaciona con "El Vengador". Siempre ha sido una mujer recta y se angustia hasta enfermar. Necesitan el dinero desesperadamente y protege al huésped aunque sabe casi con certeza que es un asesino. El dilema entre lo que está bien y lo que está mal es el meollo de la novela y la escritora crea una tensión progresiva que atrapa al lector hasta el inquietante final.
    Ellen, criada en un hospicio, es taciturna, algo mezquina, desprecia  cualquier muestra de emociones. Intenta ocultar celosamente sus temores, pero cualquier cosa la desquicia. Miente deliberadamente y se asusta de su propia temeridad.
  Robert es un hombre de sólidos principios conservadores, muy orgulloso de su antiguo trabajo de mayordomo. Está siempre pendiente de los diarios que publican continuas ediciones sobre las fechorías del "Vengador". Daisy, hija de su primera esposa, una joven bondadosa y curiosa, pasa uno días con ellos y, por si faltara poco, les visita continuamente Joe Chandler, un policía asignado al caso y enamorado de Daisy. Ellen asiste silenciosa y desquiciada a la incesante charla de los tres sobre los crímenes.

Una dama del crimen británica
   Marie Belloc Lowndes (1868-1947), hija del abogado francés Louis Belloc y de la feminista inglesa Bessie Parkes, fue editora y traductora. Inició su carrera literaria en 1901 con dos libros sobre el Príncipe de Gales. Publicó su primera novela policiaca, The Heart of Penelope, en 1904. Fue prolífica (más de 50 obras) y abordó los temas más variados. El huésped es su mejor novela policiaca.
La escritora puede ser considerada una de las damas del crimen británicas que irrumpieron en la Edad Dorada de la novela detectivesca, las dos décadas que transcurrieron entre la I y la II Guerra Mundial.
  La nómina es excelente: Agatha Christie publicó su primera novela, El misterioso caso de Styles, en 1920; Doroty L. Sayers, Whose Body, en 1923; de ese año es también Blackkerchief Dick: A Tale of Mersea Island, de Margery Allingham; Josephine Tey, The Man in teh Queue, en 1929; y la neozelandesa Ngaio Marsh, que consideraba Gran Bretaña su segunda patria, sacó su primera novela policiaca, A Man Lay Dead, en 1934.
 “Leer sus novelas es aprender más sobre la Inglaterra en la que vivían y trabajaban”, escribe P. D. James en Todo lo que sé sobre novela negra (Ediciones B, 2010).  La autora de Sabor a muerte no incluye en su libro a Marie Belloc Lowndes, pero ésta pertenece sin duda a ese grupo de escritoras que contribuyeron a la evolución de la novela policiaca británica. Una de sus dignas sucesoras fue Ruth Rendell, que sobresale por los perfiles psicológicos  de los personajes que traza en muchas de sus novelas. Sólo un ejemplo: la Eunice de Un juicio de piedra (1977).
   En el Dictionaire des littératures policières, dirigido por Claude Masplède, se cuenta una anécdota muy divertida sobre los juegos que hicieron entre sí Marie Lowndes y Agatha Christie. En The Chink in the Armour (1912), Lowndes creó un detective francés llamado Hercule Popeau y algunos críticos consideraron que Christie se había inspirado en él para su Hércules Poirot, que debutó en 1920 con El misterioso caso de Styles. Fuera cierto o no, ambas novelistas se apreciaban, porque “Lowndes tituló uno de sus libros Labour of Hercule (1943) que Christie imitó con The Labours of Hercule (1947).
  Anécdotas aparte, El huésped no deja indiferente. Vale la pena descubrir y leer a Marie Belloc Lowndes.


El huésped

Mary Belloc Lowndes
Traducción de Susana Carral
Menoscuarto Ediciones
300 páginas. 19,50 euros


miércoles, 13 de enero de 2016

Las reconfortantes gamberradas de Eduardo Mendoza


(Rosa Mora)
  Leer a Eduardo Mendoza siempre es un placer, escriba lo que escriba. Los críticos distinguen entre “obras serias” y “obras menores” y en estas inscriben la serie protagonizada por el detective loco, de la que acaba de aparecer la quinta entrega, El secreto de la modelo extraviada. Yo prefiero el adjetivo que utilizó Pere Gimferrer en la presentación de la impagable Sin noticias de Gurb, “novelas ligeras” o como dice Mendoza, “gamberras”.
Eduardo Mendoza. Foto ELENA BLANCO 
  Gurb --el entrañable extraterrestre cuyas aventuras se publicaron por capítulos en El País en agosto de 1990 y que al año siguiente apareció como libro— es primo hermano del detective loco. Estas novelas se mueven entre el esperpento, la picaresca, la sátira, el sarcasmo, lo absurdo e incluso a veces son surrealistas. Son, sobre todo, muy divertidas.


   El secreto de la modelo extraviada quizá no sea tan bestia como las dos anteriores, La aventura del tocador de señoras y El enredo de la bolsa y la vida, en las que no dejaba títere con cabeza, pero plantea nuevos retos. Se desarrolla en un triple plano temporal. Primero, la larga jornada que vive el detective, ahora repartidor de comida a domicilio de un restaurante chino, desde que sale por la mañana a hacer una entrega hasta que por fin la lleva a cabo bien entrada la madrugada.

En esta larguísima jornada presuntamente laboral, un perro muerde al detective y le recuerda un incidente parecido ocurrido 20 años atrás cuando fue acusado de haber estrangulado a una modelo. El caso se cerró en falso y él siente ahora la imperiosa necesidad de averiguar qué ocurrió de verdad.

   Ahí empieza un interesante viaje entre el pasado y el presente. Entre los años ochenta, cuando Barcelona empezaba a soñar con los JJ OO y vivía la Transición, y la actualidad, en la que la ilusión y la esperanza de un futuro mejor se han quedado por el camino.

   Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) no da puntada sin hilo. Todas las situaciones absurdas que crea y toda la sorna y el humor que las acompañan no ocultan una crítica implacable. En esta novela lanza sus dardos envenenados y humorísticos contra el reducido círculo de “héroes” que controlan y mangonean la sociedad catalana. Es un retrato cruel de unos empresarios preocupados siempre por sus calerons.

   Inventa una sociedad secreta, la APALF, cuyas siglas corresponden al desternillante y revelador grito de guerra “Andreu, porti’m a la fàbrica”. El objetivo de estos empresarios era, en los años sesenta, evadir capitales por si el plan de desarrollo de la dictadura les perjudicaba. Ahora quieren repatriarlos sin que se note, al menos sin que se dé cuenta Hacienda. 
    
 Escenas memorables

   No se pierdan las páginas en que describe una reunión clandestina de estos tipos en la que lo mismo hablan de cómo asesinar al tipo que lo sabe todo de sus pufos que de gastronomía o de encargar pizzas. Es delirante:
 "Quizás podríamos pedir un dictamen", sugiere uno de los empresarios cuando debaten la eliminación del individuo. "Un dictamen no vinculante, por supuesto", sugiere otro. ¿Y a quién se lo íbamos a pedir?" "Al Síndic de Greuges, por ejemplo" sugiere un caballero. "¿Matamos al Magí, sí o no?" "Nosotros no matamos a nadie. Si acaso, hacemos matar. No confundamos los conceptos"
  Y tanta discusión clandestina les abre el apetito: "Podemos encargar unas pizzas por teléfono. A mí me vuelven loco. Sobre todo la napolitana". "¡Eso! ¡Y que el repartidor nos encuentre a todos reunidos complotando un crimen!"

   Barcelona

   Barcelona y sus transformaciones es la gran materia narrativa de Mendoza desde que publicó La verdad sobre el caso Savolta (1975), La ciudad de los prodigios (1986) o Una comedia ligera (1996). Con honrosas excepciones como La isla inaudita (1989), que transcurre en Venecia; El año del diluvio (1992), ambientada en la provincia de Barcelona o Riña de gatos en Madrid. 1936, con la que ganó el Premio Planeta en 2010. La capital catalana y sus gentes son también protagonistas de la serie del detective. El investigador la recorre infatigablemente desde la elegante zona alta hasta La Rambla, el Eixample… y contrasta sus recuerdos de los ochenta con lo que ve actualmente.

   El personaje que mejor expresa la opinión de Mendoza sobre cómo ha cambiado Barcelona es la señorita Westinghouse, que hacia el final de novela se lamenta de que esta ciudad ya no es la suya:

  “Hoy Barcelona es una ciudad trepidante, próspera, rebosante de glamour […] Pero las cosas no son como yo la había imaginado. Yo imaginaba una Barcelona y ellos han hecho otra. […] Barcelona ha cambiado, como yo vaticinaba, pero para convertirse en la capital mundial del baratillo y de la idiocia. En esta Barcelona no hacemos ninguna falta”.


   Las novelas del detective son consideradas en general como policiacas o de suspense o como parodias. En realidad, son esperpentos, género del que se sirve Mendoza para narrar un tiempo, unas circunstancias y una ciudad a través de un personaje singular. En cualquier caso, El secreto de la modelo extraviada es la menos paródica de todas. Hay en ella una cierta nostalgia, una melancolía. El paso del tiempo es inexorable. Los personajes que el loco trató hace 20 años han muerto o están derrotados.
  Quizá el más optimista es el detective. “[…] yo gozaba de buena salud, pero también mi vida se aproximaba al ocaso”, dice en la página 274. “Salvo este detalle en casi todo podía considerarme afortunado”. Tiene un empleo miserable, una vivienda también miserable y han acabado sus desavenencias con las autoridades. ¿Qué más quiere? Los que somos fans de este tipo estrafalario queremos que ese ocaso no esté demasiado cerca y que sigamos disfrutando de sus aventuras.


Un loco muy listo

El detective loco es el narrador y protagonista de una serie de hasta ahora cinco novelas: El misterio de la cripta embrujada (1979), El laberinto de las aceitunas (1982), La aventura del tocador de señoras (2001), El enredo de la bolsa y la vida (2012) y la última, El secreto de la modelo extraviada.


El loco, un tipo esmirriado y feo, creció en un ambiente sórdido, en lo que luego se denominaría una familia desestructurada. Pronto se inició en la delincuencia, pero era demasiado torpe, y se hizo confidente de la policía que lo utiliza como cabeza de turco o para que le saque las castañas del fuego. En eso demostró que no tiene un pelo de tonto porque aunque a veces ni el mismo sabe cómo siempre acaba resolviendo los casos. Su visión del mundo es sensacional.
Fue confinado en un sanatorio mental. En el Secreto… cuenta que en la institución psiquiátrica ingresaban a “quienes habían tenido el acierto de agregar a un equilibrio mental inestable, una conducta punible y una reiterada incapacidad para convencer a la judicatura de su inocencia”.
A sus continuos intentos de demostrar su inocencia se debe probablemente ese lenguaje entre arcaizante y judicial que utiliza y que es uno de los aciertos de la serie. Una manera de hablar en la que las cosas no ocurren sino que “acaecen” o “acontecen”.
El detective no tiene nombre pero siempre se apropia o inventa alguno. En El misterio de la cripta embrujada utiliza el apellido del director del manicomio, Sugrañes, con diversos nombres, Arboreo, Fervoroso o Ceferino. En El secreto de la modelo extraviada se hace pasar por el subteniente Asmarats que es quien le persigue a él.
Ceferino, como le llaman ya algunos especialistas, abandonó el sanatorio mental en La aventura del tocador de señoras y su cuñado Viriato le proporcionó un trabajo de peluquero de señoras. En El enredo… siguió siendo un peluquero sin clientas hasta que su local cutre fue adquirido por una familia china para convertirlo en restaurante. Ahora, en El secreto…, el restaurante ha sido comprado por una cadena también china.

La fascinante señorita Westinghouse
El detective sin nombre que en las primeras novelas de la serie actuaba solo, desde El enredo de la bolsa y la vida recluta a alguien para que le ayude en sus correrías. En El secreto de la modelo extraviada, reaparece su hermana Cándida, la temeraria y escasa de luces prostituta del Barrio Chino, desnortada desde que la han trasladado a la otra punta de la ciudad; el corsetero Muñoz, que hacía descuentos a la gente bien; Cecilia, la propietaria, del restaurante Casa Cecilia, cocina riojana, y cinco travestis, entre los que destaca la señorita Westinghouse.
La señorita Westinghouse era guardia civil, pero pidió la excedencia cuando sustituyeron el tricornio por la boina. Sacó su apellido de un anuncio de un ama de casa americana (el sueño de toda su vida). Luego descubrió que el anuncio no era de la señora sino de una nevera, pero le dio igual. 
Reingresó en la Guardia Civil ya en épocas de más tolerancia. Durante su excedencia, sin mérito alguno y por arte de birlibirloque había ascendido varios grados. Así que se jubiló como coronel y tuvo su propio programa de televisión muy de ultraderecha, sobre los males que acechan a Cataluña y España. “Soy un mujer alocada, pero también soy un hombre de honor”, le dice al detective.

El secreto de la modelo extraviada
Eduardo Mendoza
Seix Barral
320 páginas. 18,50 euros













lunes, 28 de diciembre de 2015

La memoria de Andrea Camilleri

(Lilian Neuman)

    No hay libro de memorias de Andrea Camilleri. Pero su memoria reina poderosa en sus libros, incluso -hilando fino- en los más de treinta publicados de la serie del comisario Montalbano. Fuera de ésta, hay que sentarse y recorrer la historia guiado por su extensa obra. La del avance y consagración del fascismo, que irrumpe en la vida de un pueblo (y en la de un adolescente), la mirada oscura, tétrica y recriminatoria desde el confesionario, o la corrupción de los siglos XX y XXI. Y por supuesto los tentáculos de la mafia, que nunca retrata en primer plano (no quiere que el lector simpatice con asesinos, como ocurre en las películas de Coppola), pero de la que siempre describe sus oscuros efectos. O, directamente, analiza él mismo fuera de la ficción y en sus artículos de prensa.
   En la formidable producción de este siciliano nacido en 1925, de familia emparentada con la de Luigi Pirandello, ambas vecinas de la provincia de Agrigento, hay una zona que me gustaría llamar “Antiguo reino de Vigàta”. Para quien no lo sepa: Vigàta es el nombre de ficción que el autor le dio a su pueblo natal, Porto Empedocle, el lugar del que se enamora a primera vista un comisario recién destinado. Y en donde moran seres y espacios únicos : Catarella, Mimi Augello, Fazio, Ingrid, el dueño de la trattoria...
   Pero hay otra Vigàta, la que Salvo -por edad- no pudo conocer. En ese antiguo reino el amo y señor es un chico al que le llaman Nenè (el apodo de Camilleri para familiares y amigos íntimos) y que espía intrigado desde la puerta entreabierta de una casa de citas. En ese reino, el niño Nenè abre un hermoso volumen de una obra que desconoce -Orlando Furioso- y permanece horas hipnotizado ante la página de una ilustración -una mujer desnuda- de Gustavo Doré. “Las hojas del libro, gruesas y lisas, brillaban a la luz; por eso, cuando cerraba los ojos y con el dedo recorría el perfil del cuerpo desnudo de una mujer, a Nenèle parecía estar tocando carne viva”
   Esta cita pertenece a La pensión Eva (2006) libro capital para comprender el origen de este gran escritor, primero hombre de teatro, guionista de radio -oficio que, según él, le otorgó esa vivacidad para los diálogos- profesor, realizador y gran lector (y esto incluye sus adaptaciones de Simenon para televisión). Me refiero al chaval al que un día ya no le basta una ilustración de Doré y entonces llegan las mujeres de verdad. Pero también la tristeza y la miseria provincianas, el despertar, junto con el sexo, a los claroscuros de la represión, la prepotencia, la guerra.
   Privado de título (2005) será otro insigne habitante de ese antiguo reino
de Vigàta, y también esta colección de retratos femeninos, puesto que todos están escritos por la memoria de un tipo culto, curioso e incisivo. De aquel chaval que vio mucho de repente queda este señor que se refiere a mujeres singulares que conoció en viajes, en aviones o en otras ciudades. Mujeres que leyó o de las que le hablaron. Las hay -las hubo- exquisitas, millonarias, libertinas y tremendas. Chicas que encarnan la frescura de aquella juventud, o el primer amor cuando los fines de semana las juventudes tenían que jugar campeonatos fascistas, o la estudiante danesa que, por su rotundidad y su natural osadía inspiró el personaje de la escultural Ingrid, amiga de Salvo Montalbano (y que tan frecuentemente hace cimbrar los principios de un siciliano que ha tenido que protagonizar numerosas entregas antes de atreverse por fin a serle infiel a su novia Livia).

 "La perfidia y la amoralidad conviven con la inocencia y el candor" (sobre la actriz Louise Brooks)
Louise Brooks

   Mujeres reales y legendarias. En estos retratos se refleja la mirada de un agudo lector (y director de teatro) que busca los verdaderos motivos de Desdémona para aceptar un castigo inmerecido, o los sentimientos de Winnie, la esposa cautiva de Samuel Beckett en Los días felices. Y que tiene muy claro que Marlene Dietrich no era más que la pálida sombra de la magnifica actriz Louise Brooks, de la que escribe un espléndido retrato.
   Maravillosas son estas mujeres reales: la valiente Oriana -que trabajaba en aquel burdel, la pensión Eva, en tiempos de guerra, y que era una militante clandestina. La increíble aristócrata Pucci, la desconcertante Desideria, la cronometrada Helga (una suiza que protagoniza un encuentro sexual tronchante).   
  Y hay dos mujeres del mismo nombre que no pueden soslayarse: Elvira, su abuela, y Elvira Sellerio, su editora. El estilo de Camilleri es limpio, sintético, y de todas formas conmueve. Su abuela era imaginativa, audaz, un tremebundo carácter que le inició en los libros y en ese misterio raro que es la creación. De Elvira Sellerio, editora desde sus inicios, cito estas palabras: “Siempre la he considerado el ejemplo supremo de las virtudes de la mujer siciliana. Reservada, tenaz, determinada, firme en sus convicciones y dispuesta a luchar por ellas, y al mismo tiempo dulcísima, generosa, comprensiva y de una gran sensibilidad”.

Mujeres/Dones
Andrea Camilleri
Salamandra/Bromera
Traducción de David Paradela López/Enric Salom
201 páginas/184 páginas
16€/18,95€

martes, 1 de diciembre de 2015

Los retos de John Verdon

(Rosa Mora)
   El escritor estadounidense John Verdon (Nueva York, 1942) plantea en cada una de sus novelas un reto a su detective, David Dave Gurney, y lo plantea también a los lectores. Un reto aparentemente imposible de cumplir. Si en la primera e impactante Sélo que estás pensando (2010), el asesino de los números anticipaba el dígito que un tipo tenía en la cabeza, ahora, en la quinta de la serie, Controlaré tus sueños, el enigma es aún mayor: cuatro hombres jóvenes se suicidan tras haber seguido un tratamiento por hipnosis para dejar de fumar. Los cuatro tuvieron la misma pesadilla horrorosa antes de morir. ¿Fue un suicidio inducido por el psicólogo hipnoterapeuta? Eso es lo que cree el superpoli asignado especialmente al caso.
John Verdon
  Verdon es un buen creador de atmosferas obsesivas y paisajes de angustia y terror. En Controlaré tus sueños, ha elegido un lujoso complejo hotelero vacío en las montañas Adirondack, en el noroeste del Estado de Nueva York. Allí, van a parar Gurney y su esposa, Madeleine. Él, para entrevistarse con el psicoterapeuta y ella, con la esperanza de proseguir hacia unas vacaciones de nieve.
   El escritor reúne todos los ingredientes de lo que podría ser una película de serie B o una superpropducción (según el presupuesto): 22 grados bajo cero, una tormenta de nieve que los deja incomunicados, sin luz, sin calefacción, frío permanente, vehículos saboteados, ruidos misteriosos, teléfonos pinchados, micrófonos y cámaras ocultas, espeluznantes lobos disecados que parecen reales, visiones fantasmagóricas, miedo y, por si fuera poco, el desmoronamiento de la siempre sensata Madeleine.
   Los personajes que pululan por este siniestro lugar no tienen desperdicio: el manitas que se pasea con un hacha y que les advierte del Mal; un gerente estafador rehabilitado y convertido en consejero financiero; un rico heredero sumergido en alcohol y drogas que cree que las normas son sólo para los otros; un caballero de campo, de elegancia británica, que siempre está a punto de echar una mano; el psicoterapeuta que tiene temores paranoides; su protectora hermana…
   En este panorama, destaca Jack Hardwick, ya conocido de otras novelas, excompañero de Gurney de cuando estaba en la policía de Nueva York, de la que Dave se jubiló hace cuatro años tras 25 de servicio. Inteligente y perspicaz, es él quien le arrastra a esta nebulosa aventura y, en cierta manera, es él quien le saca del atolladero. Es un buen contraste entre la oscuridad de la noche y la luz del día.
   Verdon, que antes que escritor fue publicista, exhibe un enorme conocimiento de lo más avanzado de las tecnologías de la información y la comunicación. Abundan en esta historia sofisticados artilugios de acceso restringido. Ahí es donde la novela aborda el debate iniciado tras los ataques terroristas a las Torres Gemelas y el Pentágono (11 de septiembre de 2001) y hoy lamentablemente más vivo que nunca: seguridad o libertad. Según avanza  la historia se percibe  que un gran hermano muy poderoso lo controla todo.
  “Proteger a la patria se ha convertido en un cheque en blanco en manos de alguna gente muy despiadada” (página 252), dice uno de los personajes. “Que Dios no salve de los salvadores” (página 415), reflexiona Gurney. Inquietante. Da miedo. Lo explica bien.



 
¿Por qué gusta tanto?

  Es un misterio casi tan irresoluble como los que propone en sus novelas. John Verdon no destaca literariamente, a menudo es repetitivo y a sus libros les sobran páginas, pero engancha.
 Es un escritor tardío. Empezó a escribir pasados los 60 tras una intensa carrera de publicista, por consejo de su esposa, y con el deseo de que sus historias le gustaran a ella.
 Uno de sus autores preferidos es Arthur Conan Doyle (El sabueso de Baskerville). Es un lector voraz de novela policiaca, prácticamente su única lectura, afirma, y conoce al dedillo todos sus resortes.

¿Las claves de su éxito?
  • Tiene ideas brillantes: una novia es asesinada ante los invitados en el  banquete de bodas (No abras los ojos), un asesino en serie al que nunca lograron atrapar (Deja en paz al diablo) o un rico empresario asesinado durante el funeral de su madre (No confies en Peter Pan). En sus novelas, nada es lo que parece. 
  •  Implica directamente al lector usando siempre en sus títulos la segunda persona del verbo: Sé lo que estás pensando, No abras los ojos, Deja en paz al diablo, No confíes en Peter Pan y Controlaré tus sueños.
  • Mezcla con acierto lo profesional y lo personal. Su detective, Dave Gurney,  se guía por la lógica y no cree nunca en la primera solución. Su inteligente esposa colabora con él y ambos corren toda suerte de peligros.
  • Sorprende con golpes de efecto, a menudo los finales de sus capítulos son de infarto y sus desenlaces suelen ser de alta pirotecnia.
  • En todas sus novelas aparece una crítica más explícita o más velada a la corrupción de policías y fiscales.
  • Si como publicista su objetivo era conseguir que la gente desease cosas, en sus novelas es mantener en vilo al lector.
Lo consigue.

Controlaré tus sueños / Controlaré els teus somnis
Traducción al castellano de Javier Guerrero y al catalán, de Pau Bombardó
Roca Editorial
429/428 páginas. 19,90 euros