lunes, 18 de noviembre de 2013

Una estrella extraña


Unni Lindell

(Lilian Neuman)
    En las novelas de la noruega Unni Lindell hay una temible forma de silencio. Se siente, se experimenta como una fuerza subterránea, bajo la línea de flotación de una escritura discreta, incluso neutra. Durante el primer tramo de esta lectura el lector tal vez se sienta algo dejado de la mano de Dios, o directamente se pregunte qué se trae entre manos esta mujer.
   Puede tratarse del silencio en una elegante (y sórdida, rica y violenta) familia de clase alta, en un selecto barrio de Oslo (la anterior y muy buena Muerte blanca), puede ser el silencio en ese bosque en donde aparecerá, como en este libro, el cadáver de una rubia bonita, algo vulgar y (muy) fatal. Entonces, si se mira atrás, se advierte que Lindell ha planteado un mundo parco y con perfiles monstruosos.
 Se habla de la novela negra nórdica, de sus señas particulares, de las diferencias con las de autores mediterráneos. Hay algo que decir en este caso, y es que la noruega Unni Lindell afirma que ella se siente mediterránea (y esto lo dice mientras mira por el cristal de su ventana en su elegante estudio en el centro de Oslo, el frío y gris paisaje del otro lado). Más bien diría que no deja de sentir estupor ante su propia y nórdica condición. Por ejemplo, a ella también le perturba el sordo bullir de esta olla a presión que ella misma ha creado, y que comienza a destaparse una tarde trivial, cualquiera, en una pequeña tintorería. El jefe no está, las dos empleadas descorchan una botella de vino y una de ellas, la más joven, se despacha sobre su vida sexual-sentimental. La otra -una mujer envejecida y cargada de horrores secretos- vuelve a su casa atribulada.
 Todo esto, como en los pueblos encantadores de Hampshire (Gran Bretaña) de Elizabeth George, ha sucedido antes de las cinco de la tarde. Es decir, la persiana de ese y tantos negocios se ha cerrado a esa hora, y el silencio, la absoluta privacidad, comienza a crecer y multiplicarse. Quedan muchas horas por delante. Lo notable es que todo esto, en realidad, está sucediendo en verano (pero al recordarlo no es difícil teñirlo de gris, y de oscuridad de noche  helada; lo mismo puede pasar con más de una historia de Karin Fossum).
   En este mundo sordo, de persianas bajas y puertas cerradas (y un viejo que espía con prismáticos), habitan dos adolescentes que son como hermanos. Uno de ellos levanta la vista del ordenador para ver por la ventana la llegada de su hermosa y desafiante madre que regresa de la tintorería. Un hombre -uno de tantos- la persigue. El chico prefiere cerrar los ojos, derrotado.
 Lindell vivió una infancia en permanente alerta  -su padre sufría un trastorno mental-, y esta clase de silencioso sufrimiento, afirma ella, le obligó a ver y percibir de una forma que bien sabe expresar en esta serie de novelas en donde siempre hay un hijo que sufre.
  Y una niña que para siempre sufre. En verdad, son dos los personajes fundamentales, la pareja investigadora que, a estas alturas, por antagónicos y opuestos, son cada uno parte consustancial de la otra. Un día, Lindell decidió que su protagonista desde hacía muchos años, el investigador Cato Isatsken, compartiera espacio con una chica nueva. Y esta chica se ha ido ganando un lugar, pero a fuerza de golpes, contratiempos, trasgresiones, amenazas de despido y momentos francamente asociales. A días de hoy, con la cuarta entrega de la serie con Marian Dahle y Cato compartiendo (y batallando) espacio, estas dos personas han conseguido pulir unas cuantas asperezas. No obstante, ella sigue siendo tan problemática como brillante. De difícil historia -adoptada por una mujer que resultó un infierno de madre-, la extraña estrella de Marian  -y de su inseparable perra Birka, una boxer que existe en la realidad (el perro de una gran amiga de Lindell) y que forma parte del elenco de la versión televisiva de estos libros- brilla en ese mismo paisaje de silencio. Es un cebo, un interrogante y la llave maestra de la muy inteligente trama.

 
Birka
"El beso del diablo"
Unni Lindell
Siruela
Traducción de Lotte K. Tollefsen
393 páginas
19,95 Euros



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